27 agosto, 2013

De perdidos al río

21-12-2012

Traducido de From Lost to the River, by Romualdo Rius

 

En fin, no nos pongamos tan dramáticos; aún tenemos opciones: lancémonos al agua. Con un poco de suerte los tiburones (o los cocodrilos) no tienen hambre.

La admiración que nos produce -llegado el caso de comprobarlas- la inexorable certeza de las leyes de Murphy*, no nos sirve de mucho si en adelante no sabemos identificar (o no queremos ver) qué es lo que podría salir mal.

Es una cantidad enorme de cosas, sí, pero también hay entre ellas algunas (¿o muchas?) con poco o ningún fundamento. No se trata de creerse a cualquier seguidor de Nostradamus, después de todo se han equivocado ya unas cuantas veces, y haciendo el ridículo de mala manera, además.

Es cierto que el mundo podría terminar fulminado por un meteorito imprevisto, sí, pero esa clase de cosas no debería preocuparnos tanto, porque no podríamos hacer gran cosa… y nos pillaría despistados, incluso durmiendo o en alguna ocupación aún más feliz.

Si algo puede salir mal, saldrá mal”

(añadiría: …tarde o temprano)

(¿La tostada siempre cae por el lado de la mantequilla?)

* >>> Para saber más<<<

Lo más probable es que el mundo en su conjunto sobreviva todavía a muchos cataclismos e incidentes más o menos graves, pero para buena parte de su población sí sería el fin… y quizá habría preferido estar acompañada en la desgracia.

Descontadas las “cosas” sin fundamento que no deberían agobiarnos a partir de ahora, así como los problemas sobre los que poco o nada podemos hacer (y no es cuestión de recordarlo, ¿para qué?), resulta que las circunstancias que sí podríamos cambiar son aquellas que alguien pretende decidir por nosotros: la educación, la alimentación, la sanidad, el gasto del dinero público en general y los productos y servicios de las compañías en particular. Total, que no es tarea fácil influir sobre nuestra propia suerte. Aunque, ¿quien dijo que fuera fácil?

Los utópicos estamos aquí para cambiar las cosas, ¿no?

Resumiendo: no es muy probable que veamos meteoritos gigantes colisionando contra la Tierra, ni un cambio de polaridad magnética repentino, ni un enfriamiento abrupto, ni que nos invadan alienígenas. Tampoco es muy probable que los políticos repentinamente se pongan de acuerdo en empezar a trabajar por el bien común, así como que las grandes multinacionales se esfuercen en otra cosa que no sea aportar valor al accionista (en el mejor de los casos). Por lo tanto, lo más prudente y sensato parece que sería que la ciudadanía empezara a organizarse de un modo algo más autónomo.

(Otra vez: ¿quien dijo que fuera fácil?)

>>>> Más información aquí <<<<

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No consigo recordar todas las contraseñas. A ver si inventan algo mejor

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